Autismo TEA: Cuando no se puede decir lo que pasa: comunicación, autorregulación y crisis en las personas autistas
Autora: Marielo Álvarez
La comunicación no es solo una habilidad social. Es una necesidad básica. A través de ella expresamos cómo nos sentimos, qué necesitamos, qué nos gusta y qué nos molesta. Nos permite anticipar, pedir ayuda, regular emociones y sentirnos comprendidos. Cuando la comunicación falla —o no existe un sistema accesible— el malestar no desaparece: se manifiesta de otra forma.
En el caso de las personas autistas, especialmente aquellas que no utilizan lenguaje oral, la ausencia de un sistema de comunicación funcional puede convertirse en una de las principales fuentes de crisis emocionales. No porque la persona “no sepa regularse”, sino porque no puede comunicar lo que le ocurre por dentro.
Este artículo propone una idea sencilla pero fundamental: cuando una persona no dispone de un sistema de comunicación eficaz, la autorregulación emocional se ve seriamente comprometida, y la conducta pasa a ser el principal medio de expresión.
Desde esta perspectiva, la implantación de sistemas aumentativos y alternativos de comunicación (SAAC) no es una intervención opcional, sino una herramienta esencial de bienestar psicológico.
Comunicar para regularse, TEA

Cuando una persona no puede comunicar lo que siente, el cuerpo y la conducta asumen esa función. Gritos, llanto, conductas de escape, agresividad o desconexión no aparecen “porque sí”, sino como formas de expresar algo que no ha podido ser dicho de otra manera.
En personas autistas no hablantes, esta situación es especialmente frecuente. No porque no tengan nada que comunicar, sino porque el entorno no siempre les ofrece un sistema que les permita hacerlo. La frustración acumulada, la incomprensión constante y la sensación de no ser escuchadas impactan directamente en su capacidad de autorregulación.
Desde una mirada psicológica, resulta más coherente preguntarse qué intenta comunicar esta conducta que intentar eliminarla sin ofrecer una alternativa.
Las crisis no son el problema, son la señal
Durante años, las crisis en personas autistas se han interpretado como “conductas problemáticas” que deben reducirse o extinguirse. Sin embargo, cuando observamos estas situaciones desde una perspectiva más amplia, aparece otra lectura: la crisis es una señal de que algo no está siendo comunicado o comprendido.
Una persona puede entrar en crisis porque:
• No puede expresar que algo le duele
• No puede anticipar un cambio
• No puede decir que un estímulo sensorial le resulta insoportable
• No puede pedir algo que necesita
• No puede comunicar que quiere terminar una actividad
Cuando no existe un sistema de comunicación accesible, la conducta se convierte en el único canal disponible. El problema no es la intensidad de la respuesta, sino la ausencia de medios previos para expresar el malestar de forma más ajustada.
Desde este enfoque, reducir crisis no implica “controlar” a la persona, sino aumentar su capacidad de expresión y comprensión del entorno.
Personas no hablantes: mucho que decir, pocos medios
Ser no hablante no equivale a no comunicarse. Las personas autistas no hablantes tienen deseos, preferencias, emociones, opiniones y necesidades tan complejas como cualquier otra persona. La diferencia está en que no siempre cuentan con un sistema que les permita expresarlas de forma clara y consistente.
Con frecuencia, se espera que el lenguaje oral aparezca antes de introducir otros sistemas de comunicación. Este enfoque no solo es ineficaz, sino que puede ser profundamente limitante. Esperar al habla implica dejar a la persona durante años —o toda la vida— sin una herramienta básica para comunicarse. Desde una perspectiva psicológica y neurodiversa, la pregunta no debería ser “¿hablará algún día?”, sino “¿cómo puede comunicarse hoy?”.
El SAAC como herramienta de autorregulación
Los sistemas aumentativos y alternativos de comunicación (SAAC) ofrecen a las personas no hablantes una vía estructurada y accesible para expresar lo que ocurre en su mundo interno. Pictogramas, dispositivos electrónicos, tableros de comunicación o sistemas multimodales no sustituyen la comunicación: la hacen posible.
Cuando una persona dispone de un SAAC funcional:
• Puede expresar necesidades antes de que el malestar aumente
• Puede anticipar lo que va a ocurrir
• Puede tomar decisiones
• Puede decir “no”
• Puede comunicar emociones
Todo esto tiene un impacto directo en la autorregulación emocional. No porque el sistema “calme” a la persona, sino porque reduce la incertidumbre y devuelve una sensación de control. Desde la práctica clínica, se observa de forma consistente que la implantación de un SAAC reduce la frecuencia e intensidad de las crisis. No como un efecto mágico, sino como consecuencia de que la persona ya no necesita comunicarse exclusivamente a través de la conducta.
Comunicar es un derecho, no una recompensa
Un error frecuente es utilizar los sistemas de comunicación como herramientas instrumentales o condicionadas: “cuando se porte bien, podrá usarlo”. Desde una ética profesional y psicológica, esta lógica resulta problemática. La comunicación no debería ser un premio, sino un derecho básico.
Implantar un SAAC implica también un cambio en el entorno. Requiere que adultos y profesionales aprendan a:
• Esperar
• Observar
• Validar
• Respetar los tiempos
• Aceptar formas de comunicación no normativas
Cuando el entorno se adapta, la persona puede empezar a regularse de otra manera.
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Conclusión
Las crisis en personas autistas no hablantes no son un fallo individual ni un problema de conducta aislado. En muchos casos, son la consecuencia directa de no contar con un sistema de comunicación que permita expresar el mundo interno.
Desde una mirada psicológica, accesible y respetuosa con la neurodiversidad, la implantación de sistemas aumentativos y alternativos de comunicación se presenta como una intervención clave para favorecer la autorregulación emocional y el bienestar. No se trata solo de comunicar palabras, sino de dar voz a la experiencia subjetiva de la persona. Cuando una persona puede decir lo que siente, lo que necesita y lo que desea, el malestar deja de acumularse en silencio. Y muchas crisis, simplemente, dejan de ser necesarias.
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