INFLUENCIA DE LA VIOLENCIA OBSTÉTRICA Y APOYO SOCIAL EN EL TRASTORNO DE ESTRÉS POSTRAUMÁTICO POSPARTO. Autora: Trini Morales
¿Es el posparto una etapa vulnerable?
En el periodo posparto, la mujer experimenta diferentes cambios a nivel físico, biológico, psicológico y social. Las primeras semanas representan un periodo muy relevante y único ya que se debe afrontar un proceso de recuperación sumado al cuidado del bebe y, a su vez, experimenta cambios en la propia identidad personal y social. Todo esto hace que el periodo posparto se considere una etapa vulnerable.
Por otro lado, el posparto implica una importante reorganización psicológica y emocional. El paso hacia la maternidad requiere un proceso de adaptación gradual en el que la mujer restaura su identidad y elabora conocimientos novedosos para el cuidado del recién nacido. Este proceso puede acarrear sentimientos de miedo, inseguridad, autoexigencia y ambivalencia afectiva. Por ello, muchos estudios actuales se han centrado en diferentes dificultades psicológicas que pueden aparecer durante el embarazo y el posparto.
Entre ellas se encuentra el trastorno de estrés postraumático (TEPT) posparto, una problemática que, aunque ha recibido menos atención que otros problemas de salud mental perinatal, puede tener importantes repercusiones sobre el bienestar psicológico de la mujer y su adaptación a esta nueva etapa.
¿Puede ser el parto una experiencia traumática?
El parto suele ser entendido socialmente como un acontecimiento natural, positivo y feliz. Sin embargo, esto no significa que todas las mujeres lo vivan de la misma manera. A veces, la experiencia del parto puede ser percibida como amenazante, estresante, o incluso traumática. Aproximadamente, un 30 % de mujeres han descrito que la vivencia de dar a luz ha sido traumática.
La desinformación o información insuficiente, la ausencia de privacidad, así como distintos tipos de abuso, ya sea físico, verbal, sexual o de carácter psicoemocional es lo que llamamos violencia obstétrica. Este tipo de violencia también puede implicar prácticas como el maltrato directo, la medicalización excesiva del parto y la realización de intervenciones innecesarias o no consentidas, lo que contribuye a producir experiencias muy negativas durante el proceso de nacimiento.
Muchas mujeres han sufrido secuelas emocionales profundas como resultado de las acciones, decisiones inadecuadas o incluso la falta de actuación por parte del personal sanitario que estuvo a cargo de su atención. Estas experiencias, en muchos casos, han generado sentimientos de vulnerabilidad, desprotección e incluso desconfianza hacia el sistema de salud, dejando una huella duradera en su bienestar psicológico y emocional.
Determinadas prácticas y experiencias durante el parto, percibidas por las mujeres como formas de violencia obstétrica, se relacionan con un mayor riesgo de desarrollar sintomatología compatible con el TEPT. Entre estas experiencias, destacan especialmente el tipo de parto, en particular los partos instrumentales y las cesáreas, que han sido asociados con un incremento en la probabilidad de aparición de síntomas traumáticos.
¿QUÉ ES EL TEPT POSPARTO?
En el TEPT posparto se puede mostrar: irritabilidad, rechazo a la maternidad, estar ausente, sentir desconexión con el bebé, además, se tienen pesadillas y flashback del momento del parto. Algunas veces se puede desarrollar miedo al embarazo y al parto (tocofobia). Estos síntomas pueden llegar a su máximo esplendor entre las cuatro y seis semanas posparto y perdurar meses, años o, incluso, experimentarse en nuevos embarazos posteriores. La aparición de este trastorno provoca consecuencias relevantes a lo largo de la vida de la mujer afectando a la relación de pareja y al ambiente familiar.
La prevalencia del TEPT puede abarcar desde el 4,7% al 15,7% en colectivos de riesgo. Se considera colectivo de riesgo a mujeres que hayan experimentado algunas de las siguientes variables: vivencia de traumas, abuso en la infancia, miedo al parto, parto complicado (desgarros de tercer y cuarto grado, hemorragias tras el parto), entre otros.
Asimismo, la edad y la disposición de recursos también afecta a la aparición del TEPT posparto. Algunas investigaciones han demostrado que la cesárea previa, el incumplimiento del plan de parto, el uso de analgesia regional, los partos complicados, los partos instrumentales, la cesárea programada, la cesárea de emergencia, la episiotomía y la hospitalización del recién nacido tienen un mayor riesgo a desarrollar sintomatología de TEPT.
En cambio, las mujeres con más partos vaginales, lactancia materna durante la primera hora, contacto piel con piel y las que tienen una mayor percepción de apoyo familiar y social, se reduce bastante el riesgo a desarrollar los síntomas de TEPT posparto.
EL APOYO SOCIAL PERCIBIDO COMO FACTOR PROTECTOR
El apoyo social se asocia con la percepción que tiene una persona de formar parte de una red de relaciones significativas en la que experimenta emociones como la aceptación, valoración y apreciación por parte de diferentes miembros de su entorno.
Desde esta visión, el componente principal no se centra únicamente en la existencia objetiva de vínculos sociales, sino en la forma en que la persona percibe y experimenta dichas relaciones. En el posparto, el principal apoyo de la mujer es su familia o amigos ya que son su círculo más cercano.

En esta etapa, el recién nacido ya está presente por lo que el foco principal de atención es el y la madre puede sentir cierta soledad ya que pasa a un segundo plano. Algunos estudios actuales han señalado la gran importancia que tiene el apoyo por parte de la pareja ya que constituye uno de los factores más influyentes para el bienestar psicológico de la mujer en su periodo del posparto. Concretamente, la actuación activa y positiva de la pareja en el cuidado del recién nacido o en la realización de las tareas domésticas, influye de manera significativa para la disminución de la carga física emocional y cognitiva de la madre.
Paralelamente, el apoyo percibido de los profesionales sanitarios desempeña un papel fundamental en este proceso. La atención proporcionada por matronas, enfermeras y otros facultativos de la salud materno-infantil ayudará tanto a solventar las necesidades clínicas como a cubrir esa parte emocional y educativa. Por medio de una comunicación satisfactoria y clara, acompañamiento continuo y validación de las experiencias.
En definitiva, el apoyo social actúa como un factor protector para ya que ayuda en el fortalecimiento de las estrategias de afrontamiento de la persona, esclareciendo la visualización de soluciones frente a las dificultades del problema en cuestión. Además, el apoyo social hace que las dificultades se vean menos graves o amenazantes, y a su vez, reduce la intensidad de respuesta al evento estresante. Todo esto hace que la persona tenga una mayor adaptación psicológica y se produzca un aumento en el bienestar emocional, por lo que, promover una atención obstétrica respetuosa, reforzar las redes de apoyo y prestar atención al bienestar psicológico de las mujeres durante el posparto son aspectos fundamentales para avanzar hacia una atención integral de la salud materna.
En conclusión, cuidar la salud después del parto no implica únicamente atender la recuperación física. También significa escuchar, detectar y atender las necesidades psicológicas y emocionales que pueden surgir durante esta etapa. Si necesitas ayuda personalizada, estamos disponibles en el 644679781 y en pocos clics aquí.